Crisis climática
Solo dos escenarios son posibles: si tomamos medidas contra la emergencia climática o si no lo hacemos
Crisis climática

Los países que se reunieron en la cumbre del clima saben bien lo que se juegan si no ponen todos sus esfuerzos en frenar el aumento de temperaturas.
Según el Índice de Riesgo Climático 2020 de la organización Germanwatch presentado en la cumbre del clima de Madrid, los eventos extremos se han convertido en un gran desafío para todos los países, ya no solo para los más empobrecidos. Cerca de 500.000 personas han fallecido debido a unos 12.000 eventos extremos que han generado pérdidas económicas de miles de millones de dólares americanos.
España no es una excepción. La desertificación extrema, mayores inundaciones y fuertes temporales la ha posicionado en el puesto 38 entre las naciones más vulnerables al cambio climático. El país ha sufrido graves consecuencias humanas y materiales.
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Pero los eventos extremos provocados por el aumento de temperaturas no siempre están ligados a feroces incendios y sequías, el clima se desajusta tanto que se pueden producir olas de frío extremo en zonas totalmente inesperadas.
El pasado invierno EE UU registró temperaturas mínimas récord, provocadas por una alteración del vórtice polar, un ciclón de aire frío masivo que se mantiene sobre el Polo Norte gracias a una corriente en chorro caliente. Si esta se desestabiliza, como ocurre actualmente por el cambio climático, partes del vórtice polar se desplazan hacia el sur. Esto provocará olas de frío polar más frecuentes en Norteamérica, Europa y Asia.
La emergencia climática ha creado ganadores y perdedores. Unas 880 millones de personas viven en asentamientos precarios muy vulnerables al cambio climático, la mayoría de ellos en países pobres.
Además, la crisis climática ha exacerbado la desigualdad entre estos países y los industrializados. Aunque en las últimas décadas la brecha entre las naciones había disminuido, el cambio climático ha impedido que lo hiciera más rápido, según un estudio publicado este año en la revista PNAS. La diferencia es un 25% mayor entre los países empobrecidos y los enriquecidos que si no existiera el calentamiento global. Paradójicamente, este grupo de población es el que emite menos gases de efecto invernadero.